The cartridge

Lo más importante de un videojuego es…

Un videojuego está formado por muchas piezas. Es una aglomeración de muchos tipos de arte. Están los gráficos. Está la música, el sonido. El diseño y arquitectura de los escenarios. Todo combinado mediante un factor clave: la jugabilidad, el cómo reacciona el videojuego ante nuestras acciones. De la jugabilidad depende que el videojuego sea divertido o no, de que valga la pena desembolsar nuestro preciado dinero por él. Pero hay algo incluso más importante que eso, algo tan obvio que parece que no habría que decirlo:

Lo más importante de un videojuego es poder jugarlo.

Pero resulta que a alguien se le ha olvidado. Bajo la excusa del modelo de negocio “Free to Play” o “Freemium” hay videojuegos que renuncian a que los juegues. A no ser, por supuesto, que les entregues un poco de tu dinero; entonces sí se dejan jugar. Parece normal: al fin y al cabo, un videojuego es un producto extremadamente complejo de desarrollar, y por ende con un presupuesto muy elevado. Parece lógico pagar por un videojuego.

El problema es que pagar en un juego Free to Play implica jugar, sí, pero solo un ratito. O pagamos para poder avanzar, pero solo un poco. El Free to Play es un pozo sin fondo. No hay manera de abonar una cantidad razonable de dinero para obtener el juego completo. Seguirán pidiendo más y más dinero, hasta que nos aburramos o nos demos cuenta de que estamos pagando por... nada.

Por suerte, no todos los videojuegos Free to Play son iguales. De mejor a peor, los podemos clasificar, generalizando y a grandes rasgos, en:

Pay to look cool: pagas por las pintazas

Si eres un desarrollador que ha optado por esta opción, tenemos algo que decirte: Te queremos. Queremos darte un abrazo muy fuerte, y un beso en la frente. Has escogido el camino más difícil y arriesgado: lanzar un juego al mercado en el que el usuario solo va a pagar si quiere que su personaje luzca un bonito sombrero de copa, o si quiere pintar de dorado su lanzamisiles. No hay gato encerrado, juega hasta aburrirte, y paga sólo si te da la gana. Unos buenos ejemplos de este modelo son Loadout o Neverwinter Online.

En Loadout solo pagas por los aspectos cosméticos.
En Loadout solo pagas por los aspectos cosméticos.

Pay to play faster: pagas para no esperar

Vamos empeorando. Son aquellos juegos en los que podemos hacer prácticamente de todo, solo que nos llevará un rato. Un rato largo. ¿Quieres actualizar tu torre de magos de nivel 5 a nivel 6? ¡Ningún problema! Te llevará unas 24 horas. O 36. ¿Quieres enviar a Homer Simpson al bar de Moe? Adelante, nos vemos en cuatro horas.

Este modelo es bastante benévolo, pues mientras esperas te deja llevar a cabo otras acciones que no requieren tiempo de espera (es el caso de The Clash of Clans). Por otro lado, el Pay to Play Faster puede llegar a un punto en el que no podemos hacer absolutamente nada si no esperar, como en Los Simpson: Springfield.

Por supuesto, el modelo de negocio reside en que el usuario tiene que pagar si quiere saltarse algunos tiempos de espera. El ejemplo más desastroso lo tenemos en el remake de Dungeon Keeper. Ampliar tu mazmorra con un mísero bloque puede costar un día. Para acelerar el proceso, necesitarás unas 250 gemas. 500 gemas valen 2.99€. No haremos ningún comentario al respecto; solo diremos que el Dungeon Keeper original, con su expansión, vale unos 4€ en gog.com.

Precios de las gemas del remake de Dungeon Keeper
Precios de las gemas del remake de Dungeon Keeper

Pay to unlock o Pay to win: pagas para ganar

Algunos desarrolladores ofrecen un juego que es accesible durante los primeros minutos, e incluso durante las primeras horas. Pero poco a poco vemos que algo falla. Nosotros vamos con una coraza de cuero, y nuestros contrincantes lucen una armadura de mitrilo engarzado con gemas de jade azul forjadas con sangre élfica virginal. Si queremos estar a la altura, nuestra única opción es comprar objetos que nos permitan seguir jugando, o bien jugar muchísimas horas para recolectar el dinero interno del juego para comprarlos.

Podemos pensar que es algo parecido a una ‘demo’, pero no: normalmente este contenido de pago está bastante sobrevalorado. Por ejemplo, en Asphalt 7, si queremos desbloquear todos los vehículos y sus accesorios tendremos que desembolsar unos 4.000€.

Pay to play: pagas para... jugar

Por si los anteriores modelos no fueran lo suficientemente malos, nos encontramos aquí con el peor caso de todos: el anti-juego, el juego que no se deja jugar. Lo tenemos instalado en nuestro dispositivo, ocupando memoria y mostrando un icono precioso que reclama nuestra atención. Pero resulta que ya hemos jugado nuestras 5 vidas de hoy y no podremos jugar hasta mañana. Y mañana ocurrirá lo mismo. Lo sentimos, hasta el día siguiente no podrás volver a ver a Sonic saltando por Green Hill Zone. ¿Una partidita al ajedrez?

A no ser, por supuesto, que pagues 0.99€ por otras 5 vidas. Da igual que estés dispuesto a pagar un precio razonable por el juego completo: no puedes. Es una máquina tragaperras con 5 tiradas gratis. Es una máquina de los marcianitos que ha escapado de un salón recreativo de los 90 y se ha instalado en tu teléfono móvil, sólo que en lugar de pagar con una moneda de 50 céntimos, pulsas el botón de comprar gemas.

Desde luego, es un modelo de negocio que funciona, y muy bien además. Los más de medio millón de euros diarios que ingresa King, desarrolladora de Candy Crush Saga son la prueba de ello.

Conclusión

Son las navidades de 1991. Mijaíl Gorbachov dimite de la presidencia de la Unión Soviética. Mientras tanto, en EEUU, cierra una de las compañías aéreas más importantes, la PanAM. Pero eso a nosotros nos da absolutamente igual: hace una hora que hemos encendido nuestra querida Megadrive. Estamos concentrados haciendo saltar a un puercoespín azul por el segundo acto de la ‘Scrap Brain Zone’. Nuestros dedos sudorosos se preparan para pulsar el botón ‘B’: vamos a hacer un salto difícil y estamos jugando la última vida. Con los ojos inyectados en sangre, vemos cómo fallamos por dos escasos pixels; nuestro personaje cae a ese vacío infinito típico de los juegos de plataformas. Game Over.

Tras recoger el mando del suelo y calmarnos un poco, nos disponemos a pulsar el botón "Start" para empezar otra partida. Pero, ops, aparece un mensaje extraño:

"Tus vidas diarias se han agotado. ¿No quieres esperar hasta mañana para jugar otra vez? ¡Compra 5 vidas más por sólo 50 gemas! "

Absurdo, ¿verdad?
Absurdo, ¿verdad?

Desarrollar un videojuego es un proceso increíblemente complejo y largo, en el que participan muchísimas personas. Y pagar a esas personas cuesta dinero, por lo que es totalmente lícito cobrar por un jugar a un videojuego. Pero por un videojuego completo. Tener la obligación de estar pagando continuamente para poder jugar sin ningún tipo de limitación no tiene ningún sentido. Hay un lugar para eso, y se llama Las Vegas.



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